martes, 13 de noviembre de 2012

Alfredo tiene un poder



“¡Oh, mierda!, otro dramón más no…”, murmuraba Alfredo. Era la sexta (pero el tenía la sensación de que era la decimoquinta) película que le tocaba proyectar en cuya sinopsis aparecían palabras como : abuso, violencia, suicidio, problemas… Estaba harto. Era consciente de que esas cosas pasaban en la vida real, pero la idea de pasarse ocho horas al día ( las cuatro sesiones de su cine), viendo: cómo violaban a Tutuca, la protagonista de la argentina de la primera sesión,  o cómo Alberto se metía en problemas y acababa formando parte de la mafia mexicana, era demasiado. “¡Maldito ciclo de nuevos directores!”, repetía para sí mismo.

Había heredado el cine en el que sus padres trabajaban, su padre le había enseñado el oficio. Tanto él como su madre eran unos enamorados del séptimo arte. Por eso, decidieron poner a su hijo el nombre del director favorito del padre, Alfred Hitchcok que, casualmente, coincidía con el nombre de uno de los personajes de la película preferida de su madre. Alfredín pasó su infancia en el cine, Alfre con incipiente bigote iba con sus amigos a la sesión de la tarde los fines de semana y Alfredo tuvo que ponerse a trabajar con veinte años cuando a su padre le diagnosticaron cáncer, hace dos años.

Alfredo ponía las películas, Arancha se encargaba de las palomitas, Hugo era el acomodador y Juana trabajaba en taquilla. Juntos formaban la plantilla de Cines Rebeca . No les iba mal, solían poner estrenos de cine pero no del tipo Arma Letal XI o Terminator VII. También reponían, de vez en cuando, clásicos. Una vez al año caía Rebeca, de Hitchcok,  que daba nombre a sus cines.  No les iba nada mal, tenían una clientela fija que siempre aparecía por ahí los fines de semana.


Pero un día Alfredo recibió una llamada del departamento de Cultura del Ayuntamiento que le ofrecía llevar a cabo un ciclo sobre cine independiente. Se trataba de hacer tres sesiones por día proyectando películas de todas las nacionalidades  y, sobre todo, de directores jóvenes. Aceptó, no le pareció mala idea. No sabía lo que le esperaba.

Lo anunciaron en el periódico, decoraron el cine con carteles sobre el ciclo y vendieron entradas por adelantado. El primer día fue bastante gente, la mayoría pasaban los cuarenta años. No vendieron palomitas. Todos entraban con ganas de ver el cine diferente que les habían vendido.

Alfredo puso la primera película. Era alemana, directora novata. Julie se va a vivir a Japón, no conoce a nadie, pasa seis meses ahí, no le pasa nada, nada bueno. Se siente sola, llora. Se acaba la película. Cuando salieron la mayoría de las caras de los espectadores estaban llenas de desilusión. Se veían escasas sonrisas, la mayoría parecía tener mal cuerpo y cara de asco. Un señor con pashmina, gafas de pasta gruesas, comentaba lo “undergorund” y lo buena que le había parecido.  Alfredo, que había puesto la película y también la había visto, al escuchar a ese hombre, soltó en voz baja: “paparruchas”. “Muy moderno, muy moderno pero… ¡menuda mierda!”, “¡qué aburrido!”, comentaba con Arancha. La segunda sesión fue aburrida e incluso desagradable.  La tercera más de lo mismo, cambiaban nacionalidad, los nombres de los directores y el equipo pero, en realidad, el espíritu era el mismo. Concentración de negatividad, palos al protagonista, violencia. Cerró el cine con la esperanza de que las películas del día siguiente serían mejores. Esperando que, por lo menos, le sacaran una sonrisa.

Cuando se despertó fue a visitar a sus padres. Mientras comían, Alfredo les contaba lo mal que le había ido el día anterior.
-       Mamá, no te lo puedes imaginar. Estaba yo ahí que no sabía que hacer…¡ Menudos dramones, por Dios!  –se desahogaba Alfredo mientras se llevaba una cucharada de alubias a la boca.
-       No será para tanto, Alfredo. Ni que todo lo proyectado en nuestro cine hubieran sido arcoíris y mariposas… -le respondía su madre incrédula.
-       Ya, ya sé, mamá. Pero te juro que esto del cine independiente me empieza a hartar. Menos “modernéo” y más historias buenas, por favor. ¡Qué vamos…, no creo que la mayoría de la gente vaya al cine para pasar un mal rato!
-respondió Alfredo indignado.
-       Puede que el crío tenga razón, Pilar. Ya sabes que a veces estos del nuevo cine europeo se la dan muy de modernos. Pero tampoco puedes hacer mucho más Alfredo, no puedes dejar tirados ahora a los del Ayuntamiento
-       -sentenció el padre de Alfredo que tenía la cara pálida.
-       Tenéis razón en realidad, en fin… ¿No comes, jefe? –preguntó a su padre, que a penas había probado su plato. Siempre lo llamaban jefe, era una costumbre que tenían en el trabajo que había pasado también a su casa.
-       Ah sí, sí… Es que, no sé, esta medicación me deja sin apetito. ¿Me puedes poner una sopita, Pilar? –preguntó  el jefe.
-       Claro que sí –respondió su mujer besándole en la frente.

Alfredo se fue al cine esperanzado y algo resignado con lo que le habían dicho sus padres.

Cuarto filme del ciclo, lo mismo que el día anterior. Horror. La película, rumana. El director, novel. Un chico y una chica se van a vivir juntos por primera vez. Él no es lo que ella creía. Drogas. Maltrato. La sensación de agobio se reflejaba en el rostro de Alfredo. Estaba apoyado en la pared, al fondo de la sala. Cerró los ojos en una escena en la que el chico parecía que fuera a pegar a su novia. Volvió a abrir los ojos y el personaje no había la había  maltratado, una sonrisa apareció en su cara, la cena lista, mantel en la mesa. Increíble. Por unos instantes parecía que la película no iba a acabar tan mal como las anteriores. Parecía. Volvió a oscurecerse la historia. Alfredo no pudo evitar cerrar los ojos en otra escena desagradable en la que el protagonista estaba inyectándose droga. Abrió los ojos, había parado. El protagonista parecía reformase en una secuencia en la que iba al médico, buscaba trabajo… Acaba la película, final feliz, ¡qué sorpresa!

Todos los asistentes a la película se quedaron fuera comentando la jugada,  impresionados con el giro de ciento ochenta grados que había dado la historia. “Un poco exagerado, pero por lo menos acaba bien”, comentaba alguno. Alfredo fue a hablar con Hugo nada más acabar la sesión.

-¿Qué te ha parecido? –preguntó el dueño del cine.
-No me he acabado de creer el cambio exagerado, pero supongo que me ha parecido mucho mejor que las anteriores –respondió el acomodador.
-¿Sí, no? Me ha pasado una cosa muy extraña… Juraría que… Bueno, déjalo, será una tontería de las mías.
-No ,no. Venga, ahora dímelo, Alfredo –le sonsacó Hugo.
-Bueno, vale, pero no pienses que estoy loco, ¿eh? –dijo con miedo.
-Qué va, tranqui.
-A ver, yo estaba ya asqueado de tanto dramón y cansado de ver escenas poco agradables, he cerrado los ojos durante un segundo. Cuando los he vuelto a abrir, nada malo había ocurrido, todo se volvía más alegre de repente. Era como si yo hubiera hecho que cambiara la historia, como si yo la hubiera guiado hacia un final bonito -admitió por fin Alfredo, como habiéndose sacado un pensamiento pesado pero sin acabárselo de creer del todo.
Hugo puso una cara de extrañeza y añadió irónicamente :
-Sí, vale, ¿Me has robado el canuto que me quedaba o qué ? –le preguntó incrédulo.
-Hugo… te he dicho que no me gusta que me hables de esas cosas. Y no, no pienses que estoy loco. Simplemente te digo que… Bueno, déjalo, serán cosas mías…

Ahí quedó la confesión de la teoría de Alfredo. No se atrevió a contárselo a nadie más y le pidió a Hugo que no se lo dijera tampoco a nadie. Se fue a casa y se puso a escuchar música para relajarse un poco , para intentar evadirse de sus pensamientos. Beatles, nunca fallaban. Cena rica y a la cama. Esa noche no vio ninguna película más tampoco llamó a sus padres aunque, no había visto muy bien a su padre aquel día. Se saltó la rutina.

Otro día más poniendo películas. No se había olvidado de lo que había ocurrido el día anterior, pero decidió no darle importancia, en principio.  Película inglesa, independiente, blablablá, otro dramón. Alfredo cerró los ojos e imaginó en su cabeza una historia alternativa en la que ni violaban a la protagonista ni se quedaba embarazada. En esta versión, a la protagonista pelirroja, le ocurrían desgracias, sí. Pero, no una tras otra sin ninguna esperanza de que aquello fuera a acabar bien. Al abrirlos vio su historia en la pantalla. Sonrió. “Si tengo este poder pienso utilizarlo bien”, susurró para sí mismo desde la cabina de proyección.

Se esforzó, volvió a cerrar los ojos y se concentró. En sus párpados se formaron michelines a pequeña escala, tensó los labios e intento hacer de aquella película un bonito relato. Emma salía de la oscuridad de sus desgracias del principio del filme, conseguía que todo aquello acabara bien. El esfuerzo de Alfredo se reflejaba en pantalla. Hugo entró de repente.

-¿Lo estás haciendo tú? –preguntó alucinando.
-Ssshh, cállate, me desconcentras –le respondió absorto en su tarea.
–¡Oh, joder! Estoy flipando.
– Sal, por favor, luego hablamos –le dijo estresado.

La película, la versionada por Alfredo, entusiasmó al público. ¡Plas!, ¡Plas!, ¡Plas! Con una sonrisa en su cara se fue a hablar con Hugo.

-Sí, he sido yo. ¡Esos aplausos iban por mí! –dijo emocionado.
-¡Qué fuerte! ¿ Y qué piensas hacer con ese nueva habilidad?
-Pues no sé… Lo que surja, supongo. De momento salvar al público de tragarse semejantes dramones.

De repente, Juana, la taquillera -que ya había cerrado la taquilla-, le avisó de que unos hombres querían hablar con él. El productor de la película y su director. El primero, con americana y  bigote, tenía pelo canoso, el segundo iba con camiseta, americana negra, gafas y zapatillas Nike. Le estaban esperando a la salida de la sala. Alfredo les habló en inglés.

-       ¿Me buscaban? –preguntó con miedo de equivocarse de personas.
-       Sí, creo que sí. Alfredo, ¿no? –preguntó el de pelo blanco.
-       Sí, soy yo –respondió.
-       No sé si felicitarle o enfadarme –le dijo el director de manera simpática.
-       Bueno, verán… No era mi intención molestarles… No sé ni cómo ha pasado en realidad –dijo Alfredo medio asustado.
-       No, no se preocupe, estaba bromeando. Al principio sí me he cabreado un poco. Me pego año y medio haciendo una película para que de repente llegue a la sala y me cambien todo ¿sabe? ,no es lo más agradable del mundo – le dijo  el director.
-       Bueno, tampoco lo era su filme, si me permite decirlo- le respondió también de forma sincera y con miedo por haber metido la pata quizá.
-       Ya, bueno… Le perdono porque he visto que al público no le estaba gustando. He observado como salían de la sala un par que ni siquiera me han dado una oportunidad de media hora. Quiero decir que… Mi media hora les ha horrorizado y usted ha hecho que cambiaran de opinión en una hora. Hasta a mí me ha gustado más su parte -se sinceró.
-       Muchas gracias –respondió.
-       Bueno, solo tengo unas cosa más que añadir. He hablado con mi productor y, en realidad, esta combinación que hemos hecho indirectamente usted y yo ha quedado bastante bien. Por lo que le ofrecemos colaborar con nosotros en un futuro –le propuso.
-       Si verá – dijo el productor - yo trabajo en una productora en Londres y estamos buscando caras nuevas con  ganas de hacer películas que contrasten un poco con el espíritu de las que estamos estrenando últimamente. Ya sabe , que por lo menos en hora y media se le saque una sonrisilla al espectador. Si está interesado en participar con nosotros no creo que hubiera problema, creo que encaja con el perfil. Yo hablaría con los míos allá y podríamos empezar con un proyecto el mes que viene mismo. Si me da sus datos le mantendré al tanto.
-       Bueno, no sé qué decir…-dijo Alfredo impresionado  con la proposición que le acababan de hacer.- Me lo tengo que pensar pero en principio diría que sí.
Alfredo cogió una entrada y un bolígrafo y escribió detrás sus datos.

Se emocionó. Siempre había estado en la sala de proyección. Nunca se había planteado hacer las películas en vez de solo proyectarlas. Le gustaba esa idea,  aunque  a una microscópica parte de su mente le asustaba no poder estar al nivel.

Cerró el cine con una sonrisa que lo ocupaba la mitad de la cara. Llamó por teléfono a sus padres.
-       Hola mamá, soy Alfredo –dijo emocionado por la nueva noticia que le habían dado.
-       Hola, te iba a llamar ahora… -le dijo su madre con voz de preocupación.
-       ¿Qué pasa? –le preguntó, con incertidumbre.
-       Nada, que el jefe se ha puesto mal. Se encuentra fatal y nos vamos ahora al hospital –respondió.
-       ¿Dónde estáis? –preguntó rápidamente.
-       En casa, salimos ahora –le respondió.
-       Vale, yo también -dijo seriamente y colgó el teléfono.
-        
Cuando llegó, Alfredo no pudo ver a su padre. Estaba demasiado mal. Le iban a operar. Su madre estaba muy preocupada.

Entonces, yo, la voz que cuenta este relato, tiene que tomar una difícil decisión. ¿ Mato al padre de Alfredo o por el contrario le dejo vivir y hago que Alfredo se  meta en el mundo del cine y triunfe? Me encuentro en una situación, en la que se enfrentan el drama y el final feliz. La vida es drama a veces, pero también buenos momentos y éxitos. Esto no es otro dramón más como las películas que no soporta Alfredo. Se pueden contar dramas sin que sea desagradable. También es verdad que no todo en la vida son “arcoíris y mariposas”  y las muertes ocurren, por eso:

Bip, bip, bip, bip, biiiiiiiip, biiiiiiiiip. 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

JANS de juevintxo

“JANs de juevintxo”


 En las noches de jueves por la parte vieja de Pamplona se percibe un ambiente diferente. La gente  sale de juevintxo. La mayoría no pasa de los  treinta y cuatro   años. Se trata de chicos y chicas que, despreocupados por no tener que madrugar el viernes, deciden aprovechar la noche del jueves para tomar un pincho y un pote con sus amigos.
El centro de esto suele estar en Navarrería. Alrededor de la fuente (utilizada como trampolín en San fermines por turistas ebrios) hay seis bares. Todos ellos  se llenan de “juevintxeros”. Estos no son tontos, van los jueves porque es más barato que otros días. En las pizarras que están fuera del bar se anuncian ofertas: PINTXO + VINO/CERVEZA = 2€!!

Desde las ocho o nueve de la tarde la gente comienza a llegar a lo viejo. Muchos empiezan con solo un pincho, más tarde se van animando y piden vinos, cervezas… Los más atrevidos, hasta copas. Mientras sus amigos piden, Jon, el típico JAN sale fuera a liarse y a fumar un cigarro.

Jota , a y ene :JAN. Suena a chino o a japonés, pero tiene un significado comprensible para todos. Son las siglas de : Joven Agricultor Navarro. Un espécimen característico de Pamplona y  la provincia. Se trata de hombres de edad entre los diecisiete y  treinta años, vestidos como si fueran al monte y con aros en la oreja, aunque existe una pequeña variación aquí, los pendientes de coco. Llevan mochilas Altus , botas Salomon, palestino y  en invierno les abrigan gruesos forros polares de marcas montañeras. En general, suelen ir preparados para poder subir hasta Aralar.

Entre sus actividades favoritas están: frecuentar la “herriko”, pasear por lo viejo, escuchar grupos del estilo de Kortatu y por supuesto, “Juevintxear”. Para ellos es casi sagrado. Algo que, si no se hace, produce un vacío en su corazón  JAN.

Que quede claro, todos los JANs son “juevintxeros”, pero no todos los “juevintxeros” son JANs. No hay que confundir estos dos términos. Quiero decir, a  alguien que no lleva ni botas de monte ni pendiente de coco se le permite “juevintxear” también.

Jon es un claro ejemplo de JAN. Cumple todos los requisitos anteriormente mencionados. Le encanta, se siente orgulloso de su forma de vestir y cómodo con su tribu urbana (inconscientemente). Todos sus amigos son igual de JAN. Aunque ellos no se dan cuenta de que lo son, en realidad, no saben ni que este arquetipo existe.

Él y sus amiguetes se divierten bebiendo y comiendo cada jueves, se distraen fumando ( tabaco y otras cosas que no son tabaco) y disfrutan fichando a las chicas de la plaza. Más de uno ha encontrado pareja en esta plaza. Por eso, para ellos “ la ropa de domingo” ha pasado a ser “la ropa de jueves”. Se calzan sus botas más nuevas, se ponen unos vaqueros (algo muy inusual en los JANs, acostumbrados a chándales Astore), se cambian el pendiente y se aplican un poquito de alter-shaved.

Cuando no consiguen cazar ninguna fémina, tienen que volver solicos a casa. Dependiendo del nivel económico del JAN, esta vuelta varía. Por ejemplo, de los ocho amigos de Jon, solo uno se puede permitir tener coche y no puede llevarlos a todos en su BMW marrón grisáceo del 97. Por lo que los otros cinco vuelven  andando o en bici .A Jon le toca lo segundo . La vieja bici de monte heredada de su padre, con la que se cansó de “dominguear”  hace ya  tiempo, es ahora su vehículo para  las noches. No es el más seguro. Pero volver medio borracho a casa solo en bici es, sin duda, uno de los hábitos más  JAN.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Adiós al hombre cyborg

 Esta es una nueva versión del cuento del hombre cyborg, esta vez la historia cambia.         

Juanillo22
Buenos días tuiteros!#Twitteron

Juanillo22
Me llamo Juan, no hombre cyborg. Gracias.

Juanillo22
Busco ayuda para encontrar pareja. O bueno, pareja.

Blopez
RT @Juanillo22 ¿ tú eres el hombre cyborg?   ¡Utiliza Meetic! #elhombrecyborliga

Juanillo22
@Blopez Ya estoy en Meetic, ¿alguna quiere cazarme? :P

Juanillo 22
Completando mi perfil…

Juanillo 22

¡Qué rápidas! Ya tengo 3 peticiones, esto marcha bien!

Juanillo22

Chateando con una de las candidatas…Pena que no tiene Twitter, ¿será la elegida?

Juanillo22

¡Eh! No es mujer cyborg pero sí que es interesante la tía… #fallinginlove

Juanillo22

¡Yujú! El hombre Cyborg ha ligadoooo! Cita pal Sabado! WPQRQOR!! Soy feliz.
Juanillo22

Perdón las faltas de ortografía, pero me puede la emoción.

Juanillo22

Decidiendo que ponerme… Tengo que ir en plan bien.

Coyote93
RT: @Juanillo22 ¡Enhorabuena! Me alegro mazo, macho. Suerte.#elhombrecyborgliga

Juanillo22

¿Alguien sabe de un buen sitio para llevar a una buena chica?
Blopez
RT @Juanillo22 Te recomiendo El txoko, en el centro. Oscurillo, buen café… Seguro que cae. #elhombrecyborgliga

Juanillo22

¡Muchas gracias majo!

Juanillo22

¿Qué es esta sensación en la tripa? No la tenía desde que lanzaron el iPhone 4…

Juanillo22

Falta un día y  no puedo dormir, noche en twitter.

Juanillo22

¿Por qué no paro de escuchar canciones de amor?  Abrázame –Ivan Ferreiro

Coyote93
RT@Juanillo22Uh… Tú estás muy pillado si estás escuchando Ferreiro.

Juanillo22

Después de pasar 3 horas sin dormir por aquí, me tomo una pasti de mi madre y me voy a la cama. #twitteroff

Juanillo22

¡Buenos días seguidores! Hoy va a ser un gran día. Qué leches, yo también lo pongo(aunque seáis unos cabrones): #elhombrecyborgliga

 Juanillo 22
Acabo de llegar de clase reventado. Como, siesta y luego me preparo para la gran cita.#elhombrecyborgliga

Juanillo22

Bien, larga siesta que me ha dejado la carita como nueva. La voy a impresionar, hasta me he comprado gomina y lentillas.#elhombrecyborgliga


Juanillo22

Saliendo hacia El txoko. ¿Se puede estar más nervioso?!! #elhombrecyborgliga

Juanillo22

Llega tarde… Eso significa que se ha puesto guapa ¿no? #elhombrecyborgliga

Coyote93
RT@Juanillo22 O que se ha perdido, no te jode! #elhombrecyborgliga

Juanillo22

@Coyote93 Bien visto, espero que no sea así.

Juanillo22

Agonía: esperar a una chica que no conoces físicamente e imaginarte que son todas las que pasan. #elhombrecyborgliga

Juanillo22

Ya ha llegado, es mona. Muy mona, me encanta. #elhombrecyborgliga

Juanillo22
No me equivocaba, esta chica es MI chica. #elhombrecyborgliga

Juanillo22

Me mira con mala cara cuando tuiteo…

–Para ya, por favor. He venido a conocerte a ti, no a verte como tuiteas.– dijo ella algo enfadada, pero no demasiado. Él comenzaba a gustarle de verdad.
–Bueno, si no te gusta, paro. Pero que sepas que me cuesta mucho eh, debo reconocer que soy un tanto yonki.– lo decía de verdad, iba a parar. Merecía la pena por ella.

Juanillo22

Ya paro, no le gusta nada, Im sorry amigos. Merece la pena. #adiósalhombrecyborg.

–Juan… ¿no decías que parabas?
        Sí, ya está. Todo tuyo.
Le dio  su objeto más preciado,eliPhone4. Aquello fue toda una demostración de amor, algo grande iba a pasar.







miércoles, 2 de noviembre de 2011

El hombre cyborg



Inspirado por lo que nos rodea: móviles que pretenden ser más inteligentes que nosotros y hombres obsesionados con ellos

Existía un chico, con nombre normal, Juan. Lo llamaban el hombre cyborg, no hablaba, tuiteaba. Tenía un mejor amigo, se llama iPhone. Jamás se separaban, se pasaban el día juntos. Así se les hacía más llevadero el timeline de la vida. Podían comunicarse continuamente, consultaban Twitter, chequeaban Facebook, miraban a ver si alguien les había escrito en Tuenti…
Eran muy, pero que muy, felices juntos. No tenían demasiados amigos, pasaban tanto tiempo juntos que no les daba tiempo a relacionarse con más gente. Un día Juan decidió que era hora de buscar algún amigo o amiga, amiga mejor, así se echaba un ligue. Rápidamente hizo lo que mejor se le daba: consultó con iPhone y en Meetic encontró pareja sin problemas. De
repente,tenía diez citas en una semana.

Pero no fueron demasiado bien, todas las chicas estaban celosas de su relación con iPhone, no paraba de hacerle caso. Ellas se cabreaban, habían ido a conocer a Juan, no a ver como él tuiteaba la cita.Publicaba cosas del tipo:
“Aburrido en el bar Josele con una tia super boba.#ascodevida”.

 Juan no era demasiado atractivo, estaba un poco gordo (no le gustaba el deporte, prefería sus versiones online), tenía el pelo corto, la tez grasienta y un vestuario poco acertado. Ese físico tampoco lo ayudaba .Lo único que resaltaba en él eran sus grandes ojos marrones.

Juan ya estaba cansado de tanta cita, se había aburrido de soportar chicas que no sabían nada ni de redes sociales ni de nada de lo que a él le apasionaba. Así que, después  de tuitear todo lo que había odiado las citas y actualizado su blog con esas experiencias, dejó de buscar chica. Se volvió a centrar en su vida de cyborg, que en realidad no había dejado del todo.

Tuiteó y publicó en redes sociales más que nunca. A él todo eso le parecía importantísimo, sus contactos en cambio no lo soportaban, lo llamaban el ciber pesado. Pero un día recibió una petición de amistad de una chica parecida a él. Se llamaba Elena, por fin había encontrado a su mujer cyborg. Ella también era muy introvertida, y tenía una mejor amiga llamada BlackBerry, pero cariñosamente la llamaba BB.Significaba para Elena lo mismo que para Juan su iPhone. Estuvieron conversando mucho tiempo en su mundo virtual hasta que un día decidieron conocerse de verdad.

Quedaron en una cafetería y tomaron un café mientras se enviaban mensajes por WhatsApp:
-Juanito: Stas mu guapa con ese gorro, más que en tu foto de perfil.
- Elena: jajaja xd gracias, tu tmbn estas wpo.me molan tus ojos.
 Estaban sentados al lado pero a ellos eso les daba igual. Así estuvieron toda la tarde, que si emoticono por aquí, risita por allá… Hasta que al final a Elena se le acabó la batería y tuvieron que volver al mundo real.
Por fin iban a escuchar sus voces. Elena tenía una voz  de locutora de radio y él la tenía rasgada, tipo Bruce Springsteen. Aunque llevaban bastante tiempo chateando e intuían que se gustaban lo confirmaron al oír sus voces, no estaban acostumbrados a ello. Las voces que más escuchaban eran las de sus padres, nada que ver con la que acababan de descubrir.

Cuando las máquinas quedaron fuera de juego y empezaron a conocerse de verdad se enamoraron. Todo era diferente ahora, habían salido al mundo real. Lo más importante era que les gustaba y que se gustaban.

  A partir de ahí, dejaron sus móviles y ordenadores y se dedicaron a vivir de verdad. A relacionarse y a conocer a la gente en directo, a hablar con las personas y a aprender de ellas de manera real. Solo utilizarían sus móviles cuando de verdad los necesitaran, ya  no sería unos yonkis de la tecnología ni
de las redes sociales.
   

Radio cotilleo villavesa



Linea 4 de la “Villavesica”, no hay palabra más navarra. Viernes a la tarde, dos estudiantes estaban hablando casi para todo el bus. Una señora prestaba atención a la conversación de estas dos chicas:

-¡Bua! Inés, no sabes lo que me pasó el otro día…- dejó caer una chica morena de labios finos.
- A ver, sorpréndeme. Lo que no te pase a ti… Todo el día con historias estás.- le respondió otra joven de pelo largo morena.
-Ya… Bueno, la cosa es que el jueves salimos ¿no?
- ¿Qué? Pero si me dijiste que no ibas a salir, que ibas a ir a clase el viernes…¿ Y con quién saliste, con Maialen y así?
- Sí, ya. Soy lo peor. Un día de estos me presento a primera hora un viernes.-se quedo pensando, como planeando cuándo sería ese dia, ninguno parecía que le viniera bien.- Si, con Maialen, Ana…
-Sí, bueno , cuenta. Siempre te vas por las ramas.- tenía ganas de oír esa historia, se le veía impaciente.
- Ah, si , si. Bueno, pues estábamos en lo viejo, en un bar. Y fuimos Ana y yo a que se echara un cigarro. Yo llevaba unas pintas bastante jartas : bufanda, cara de yonki sin maquillar y mi abrigo gordote. Y de esto que nos pusimos a hablar y me fijo en que el tío bueno de prácticas de química nos estaba mirando.
- ¿Tío bueno? Hay un tío bueno en química y yo sin enterarme, tú.
- Pues si, un chico de pelo largo, moreno, así como con una nariz bastante grande… Pero guapete ¿eh? No sé que hacía ahí, no le pega nada. Ah y además es el pabo es como bastante misterioso… No sé Maialen y yo nos habíamos fijado en él. Pero después de lo que te voy a contar… Vas a flipar, adiós sex appeal.
-¿ Qué tú dices?- dijo ella intentando imitar un acento cubano bastante mal conseguido.
- Bueno, le dije a Ana : eh tú, que nos está mirando… Y sin más. De esto  que vamos a entrar en el bar ya, ella se había acabado el piti, y me pilla “el misterioso” y me dice ¡eh! Chica guapa ven aquí, como con acento “brasileiro” además.
- Jajaja. ¡Qué dices! ¡Uh!, Patri como ligas.
-Cállate, no sabes que miedo. La cosa no acaba ahí. El tío pilla y me dice: Te he visto por la facultad guapa, me encanta como fumas.
-¿Cómo fumas? Jajajaja. Los tíos de hoy en día ya no saben ni cómo ligar… -dijo ella indignada pero a la vez animada.
- Sí, yo imagínate, flipando. Y él en plan de: a ver si te veo por la facultad y te invito a un café. Luego me dijo que me diera la vuelta y que qué bien arreglada iba (y llevaba unas pintas…)
- Jajajajaja. ¡Cómo liga la Patri!  
-¡Buf! Lo pasé fatal, no sabía dónde meterme. Ya sabes que yo con esas cosas, con los tíos tan a saco me pongo fatal.
- Ya… ¡Qué vergüenza!

La señora que estaba detrás se divertía, parecía que hacía tiempo que no oía un cotilleo tan interesante y eso que llevaba el Hola asomando por el bolso. Otras dos mujeres estaban hablando al fono del bus, más cerca del motor.

-          ¡Uf! ¿no acabas muerta después de danza del vientre?
-          Sí… Prefiero bailes latinos, la Kontxi es mucho mejor profesora.
-          Ya… En fin, ya sabemos para el año que viene…

La mujer mayor había cambiado de canal, ahora estaba escuchando a las otras mujeres. Pero puso cara de horror cuando éstas se bajaron de la villavesa para dirigirse a sus casas, estaban agotadas. Cuando fue a escuchar a las otras dos chicas ellas ya habían cambiado de tema. Ahora hablaban de a quién iban a pedir los apuntes. No pareció gustarle, puso cara de indiferencia y se sacó el Hola. A ponerse al día de los cotilleos de alto standing dejando aparte  los villaveseros.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El trauma del semáforo


                                                           

Mi madre nunca pasa en rojo los semáforos. Ya pueden ser las seis de la mañana de un lunes y que no haya ningún coche en dos kilómetros a la redonda, ella ni se inmuta. Se queda parada en el paso de cebra esperando a que el semáforo se ponga verde. Todo esto tiene una historia.

Ella tenía 18 años cuando pasó. Era la víspera del día de la virgen, una noche especial en Donostia. Iba con otra chica  a cenar fuera con sus amigos. No eran las más rebeldes pero tampoco eran bobas y cuando se encontraron con un semáforo en rojo y ningún coche  esperando, cruzaron sin pensarlo demasiado. Resultaba imposible  imaginar las consecuencias que les traería esa pequeña falta.

 No se habían percatado, pero desde el otro lado de la calle un policía municipal les había ordenando que no pasaran en rojo. Ellas estaban entretenidas comentando lo que les depararía la noche y no le oyeron.

El hombre, enfadado, comenzó a gritarles que se acercaran a él. Se iban a enterar. Le vieron y rápidamente hicieron caso a sus órdenes. Ahí empezó un sermón sobre la autoridad de la policía, los deberes del peatón, que no se cruzaba en rojo... bla,bla,bla. Mi madre y su amiga estaban asustadas y asentían, no se atrevían a dirigirle la palabra. Pero aún y todo, a él no le bastaba.

Llamó a un coche patrulla por radio y  les hizo montarse. En el coche, junto con otros dos policías, seguía la charla. Ellas no podían aguantar más y una empezó a llorar. No lo  podían creer, estaban yendo a comisaría por cruzar en rojo. Las lágrimas se contagiaron y  la otra también acabó llorando. Los compañeros del policía no tenían la misma actitud que él. Al contrario, las defendían. Intentaban que entrara en razón, se daban cuenta de que era una reacción exagerada. Pero aún y todo él no les hizo caso y siguió conduciendo.

Cuando llegaron  las llevaron a un cuarto, ahí se sentaron y les hicieron esperar. En la comisaría sus demás compañeros también opinaban igual que los otros dos: estaba loco, no era para tanto. Mientras ellas pensaban en lo que podía pasar, una multa o incluso una noche en el calabozo,  los policías llamaron a sus familias.

El teléfono de casa de mi madre sonó y cogió mi abuela, como siempre. Cuando le contestó un policía, ella se extrañó muchísimo y aún más cuando le dijo que su hija estaba en comisaría por semejante tontería. Rápidamente se lo contó a mi abuelo, él puso cara de Póquer, y se dirigieron hacia allá para recogerla.

No pasó mucho más. Las familias les fueron a buscar. Habían estado ahí dentro una hora. Gracias a Dios no les pusieron ninguna multa, tampoco lo hicieron constar en sus expedientes. Pero el agobio  que sufrieron no se lo quita nadie. De ahí nace el pequeño trauma de mi madre con los semáforos y su amor por las calles peatonales. 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El principio del fin : Carcajadas y Kleenex en ambientillo de "festi"


El comienzo del fin: carcajadas y kleenex en ambientillo de “festi”

El Festival de cine de San Sebastián o, como lo llaman en Donostia de verdad, el“Festi” se acabó el sábado 24 de Septiembre. Para la clausura la organización eligió la película Intouchable. Un film francés basado en hechos reales.
El estreno mundial fue a las nueve de la mañana del mismo día en el Cubo 1 del Kursaal, la sala más grande. Es habitual ver colas para las películas del festival, pero no a la mañana. En cambio, el sábado fueron muchos los que madrugaron y se pusieron en fila para esperar a la proyección con caras de no haber dormido demasiado.
La sala se abrió a las ocho y media y entraron las personas que llevaban esperando ya un rato. Casi todos los espectadores eran mayores de 30 años y muchos de más de 50. Conforme iban entrando se fueron sentando en las butacas, primero  ocuparon las del medio, y cuando éstas se llenaron pasaron a las laterales. Algunos de los que habían llegado antes reservaban sitio a sus amigos dejando un abrigo o un bolso en el asiento al lado del suyo, es algo normal en los habituales del festival. Se notaba que  llevaban años acudiendo.
Se percibía que el ambiente de Zinemaldi, la gente no paraba de comentar las películas de la sección oficial o de horizontes latinos. Se oía cuánto les había gustado alguna peli o qué desagradable les había parecido otra. Muchos leían “el periódico” del festival, que informa de los films que se van a proyectar ese día y aparecen también las críticas de los del día anterior. Seguía entrando gente, los que iban apareciendo por las puertas saludaban a sus amigos que ya habían cazado un buen sitio.
Veinte minutos antes de que comenzara  ya había llegado la mayoría del público, y el ruido se intensificaba. Se podía ver en la sala gente de fuera que viene  a San Sebastián solo por este evento. También muchos donostiarras. Y gente de todo tipo, desde señoras de 60 años hasta un joven heavy o una chica con el pelo morado.
Pero cuando apagaron las luces y se corrió el telón, que cubría la pantalla, todo el mundo se calló, el ruido  intenso de antes se cortó. Había comenzado lo que sería más de hora y media de película  que enternecería al público, pero que también, lo haría reír.
Intouchable trata sobre un hombre parapléjico que contrata un nuevo cuidador. Puede parecer, con esa descripción, que se trataba de un melodrama, pero no fue así. Era una historia bonita, humana y a la vez divertida. A juzgar por los aplausos de después, conquistó  al público.
En las escenas divertidas la gente no podía evitar reír, bastantes se tapaban la boca por vergüenza. Y en las que eran más tristes se emocionaban. Cuando terminó, volvieron a encender las luces, entonces pude observar cómo una señora guardaba el kleenex,que la ternura y el final tan bonito la habían obligado a utilizar. O quizás lloraba por que la película se había terminado.  
El film estaba basado en una historia real. Es probable que eso fuera importante a la hora de llegar más a los espectadores. De hecho, a la salida del Cubo 1, se formaron grupillos que lo comentaban. ¿Quién sería la persona de verdad que tuvo la suerte de tener ese gran cuidador? Todos coincidían, por lo que oí, en que era una de las que más les había gustado. Puede que porque era una película más agradable que las que se suelen poder ver en el Festival, aunque no por eso menos profunda.