Inspirado por lo que nos
rodea: móviles que pretenden ser más inteligentes que nosotros y hombres
obsesionados con ellos
Existía un chico, con nombre normal, Juan. Lo llamaban el hombre cyborg,
no hablaba, tuiteaba. Tenía un mejor amigo, se llama iPhone. Jamás se separaban,
se pasaban el día juntos. Así se les hacía más llevadero el timeline de la
vida. Podían comunicarse continuamente, consultaban Twitter, chequeaban
Facebook, miraban a ver si alguien les había escrito en Tuenti…
Eran muy, pero que muy, felices juntos. No tenían demasiados amigos,
pasaban tanto tiempo juntos que no les daba tiempo a relacionarse con más
gente. Un día Juan decidió que era hora de buscar algún amigo o amiga, amiga
mejor, así se echaba un ligue. Rápidamente hizo lo que mejor se le daba:
consultó con iPhone y en Meetic encontró pareja sin problemas. De
repente,tenía diez citas en una semana.
Pero no fueron demasiado bien, todas las chicas estaban celosas de su
relación con iPhone, no paraba de hacerle caso. Ellas se cabreaban, habían ido
a conocer a Juan, no a ver como él tuiteaba la cita.Publicaba cosas del tipo:
“Aburrido en el bar Josele con una tia super boba.#ascodevida”.
Juan no era demasiado atractivo,
estaba un poco gordo (no le gustaba el deporte, prefería sus versiones online),
tenía el pelo corto, la tez grasienta y un vestuario poco acertado. Ese físico
tampoco lo ayudaba .Lo único que resaltaba en él eran sus grandes ojos marrones.
Juan ya estaba cansado de tanta cita, se había aburrido de soportar
chicas que no sabían nada ni de redes sociales ni de nada de lo que a él le
apasionaba. Así que, después de tuitear
todo lo que había odiado las citas y actualizado su blog con esas experiencias,
dejó de buscar chica. Se volvió a centrar en su vida de cyborg, que en realidad
no había dejado del todo.
Tuiteó y publicó en redes sociales más que nunca. A él todo eso le
parecía importantísimo, sus contactos en cambio no lo soportaban, lo llamaban
el ciber pesado. Pero un día recibió una petición de amistad de una chica
parecida a él. Se llamaba Elena, por fin había encontrado a su mujer cyborg.
Ella también era muy introvertida, y tenía una mejor amiga llamada BlackBerry,
pero cariñosamente la llamaba BB.Significaba para Elena lo mismo que para Juan
su iPhone. Estuvieron conversando mucho tiempo en su mundo virtual hasta que un
día decidieron conocerse de verdad.
Quedaron en una cafetería y tomaron un café mientras se enviaban
mensajes por WhatsApp:
-Juanito: Stas mu guapa con ese gorro, más que en tu foto de perfil.
- Elena: jajaja xd gracias, tu tmbn estas wpo.me molan tus ojos.
Estaban sentados al lado pero a
ellos eso les daba igual. Así estuvieron toda la tarde, que si emoticono por
aquí, risita por allá… Hasta que al final a Elena se le acabó la batería y
tuvieron que volver al mundo real.
Por fin iban a escuchar sus voces. Elena tenía una voz de locutora de radio y él la tenía rasgada,
tipo Bruce Springsteen. Aunque llevaban bastante tiempo chateando e intuían que
se gustaban lo confirmaron al oír sus voces, no estaban acostumbrados a ello. Las
voces que más escuchaban eran las de sus padres, nada que ver con la que
acababan de descubrir.
Cuando las máquinas quedaron fuera de juego y empezaron a conocerse de
verdad se enamoraron. Todo era diferente ahora, habían salido al mundo real. Lo
más importante era que les gustaba y que se gustaban.
A partir de ahí, dejaron sus móviles y
ordenadores y se dedicaron a vivir de verdad. A relacionarse y a conocer a la
gente en directo, a hablar con las personas y a aprender de ellas de manera
real. Solo utilizarían sus móviles cuando de verdad los necesitaran, ya no sería unos yonkis de la tecnología ni
de las redes sociales.
Qué miedo. ¿Este soy yo?
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