miércoles, 21 de septiembre de 2011

Historia de un satélite

Lo llaman UARS ( Upper Atmospheric Research Satellite) pues así le pusieron sus padres de la NASA, pero allá en el espacio todos lo llaman Venancio. Veni, para los amigos. Es bastante grande, mide 10,7 metros de largo y 4,5 de diámetro. Siempre dicen que es el grandullón de la familia espacial.
Tiene 20 años (en años espaciales son unos 80) pero hace ya seis que no es el de antes. Ahora es un satélite viejo y cansado, casi muerto. Veni en sus buenos tiempos hacía mediciones de la capa de ozono, también de la composición química de la alta atmósfera y de los vientos y temperaturas en la estratosfera. Era el Robert de Niro de las mediciones, vamos. Lo ha hecho con gusto toda su vida y todos le tienen un gran respeto y una fuerte admiración. Sin embargo, ha llegado el momento de la despedida de Venancio que caerá a la Tierra en los próximos días. Un satélite que ha vivido tanto tiene que tener una gran historia, así que si no os importa os la voy a contar.
Llegó al espacio en 1991, venía de un laboratorio y en su corta vida solo había visto gente con batas. Lo habían entrenado para medir y lo hacía de buena gana, le encantaba su trabajo y además se le daba muy bien. Venancio llegó con mucha ilusión al espacio y se puso a medir como loco todo lo que le habían ordenado. Aunque a los pocos días de aterrizar ahí, no pudo evitar fijarse en una estrella.
No era una estrella cualquiera. Celia era la estrella más hermosa de su constelación. Brillaba más que el Sol. Bueno, esto, obviamente no era verdad pero a Veni así se lo parecía. Para él, ella era su Sol.
Celia era una estrella muy reservada, al contrario que las estrellas de cine. No estaba demasiado lejos de Veni. Y un día él se decidió a hablarle y a intentar conocerla. Enseguida se llevaron bien y comenzaron una relación. El tiempo que no estaba analizando o midiendo, lo pasaba con ella. Se encantaban.
Así pasaron 56 años de los nuestros, 14 de los suyos, hasta que Celia un día despertó muy pálida. “Todas las estrellas se apagan en algún momento, es algo normal”- decía ella. Pero Venancio se resistía a creer que aquello pudiera pasar. No quería pensar lo que sería de él si ella desaparecía del espacio, no imaginaba una vida sin ella a esas alturas de la estratosfera. Él permaneció en todo momento con ella, intentando encenderla y que brillara como el día en que la conoció. Pero finalmente, un día Celia se apagó del todo y voló a dondequiera que vayan las estrellas cuando se apagan, al cielo del cielo, supongo.
Quedó profundamente afectado. No sabía vivir sin ella, ya no le apetecía ni analizar ni medir nada. No creía que mereciera la pena. Prefería apartarse un poco de la vida espacial y pensar en Celia y recordar como empezó todo. Eso le llenaba más que su trabajo de verdad. Pero una persona que vive en el pasado no puede hacerlo eternamente.
Venancio dejó de funcionar como satélite en el 2005; vive casi muerto. Desde entonces su cuerpo permanece flotando en la estratosfera. Pero desciende cada vez más. Desgraciadamente él no puede juntarse con Celia todavía. Aunque ya le quedan pocos días para tocar Tierra y volver a desaparecer. La mayoría de él se quemará mientras baje, pero unas 26 de sus piezas u órganos sobrevivirán al paso de la atmósfera y caerán en algún punto del océano.






Noticia a partir de la cual esta inspirada esta historia sobre Veni : http://www.elpais.com/articulo/sociedad/satelite/incontrolado/NASA/caera/Tierra/proximos/dias/elpepusoc/20110918elpepusoc_3/Tes

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